el vapor
escapa del suelo
anhelando
un cielo
que
nuestros ojos ciegos
de metal
y neón
ya hace
siglos que no ven
los
edificios más
altos
que los
más
altos
árboles
que describen textos
antiguos
crujen
con un quejido fúnebre que atormenta las noches robándoles su único don
inalienable:
el
silencio
ellos
pasean con pasos perdidos
con
miradas perdidas
en una
ciudad perdida
de un
planeta perdido
demasiada
oscuridad
para ser
de día
demasiada
luz
para ser
de noche
acelera
el tiempo aceleran los coches acelera el ruido acelera la no-muerte acelera la
respiración
el
desconcierto la angustia el latido el mareo el sudor el jadeo las lágrimas
frena
mi
cuerpo
yo
no
debería ser consciente de todo esto
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