Hace
tiempo que no hablamos.
Te cerré mis puertas
con
clavos oxidados.
Debía
protegerme, lo sabes.
Siempre
fuiste mi mejor amigo, un amigo envenenado
que
nunca olvidó la mentira de las tierras muertas.
Quisiera
saber qué sientes.
Siempre fuiste el más callado,
pero el
que mejor se expresaba.
Háblame
a través de esta ventana, a través de este aire oceánico que entra y rompe
el orden
que consagraba este lugar.
Tengo la
voz rota,
la voz
de quien está cansado,
la voz
de quien ya no conoce las palabras correctas.
Dejé de
bailar sobre el agua,
de
escupir fuego,
de
perseguir la luz.
Dejé de
hacer lo que tú me impedías hacer.
Ahora
vivo en una calma demasiado silenciosa.
Entre la
bruma
vivo sin
saber el porqué,
busco
sin saber qué o a quién,
espero
sin saber a qué.
Quizá a tu primavera.
Jamás
pude entender el motivo por el que tu oscuridad exterior
escondía un aura tan viva y sin fantasmas,
mientras
que mi exterior multicolor
esconde
un aura gris plagada de sombras.
Háblame,
tengo la voz rota de rogar.
Háblame,
ayúdame.
Las
preguntas crecen y no soy capaz de hallar las respuestas.
Háblame,
ayúdame, consuélame.
Ya arañé
las rocas,
grité a
los mares,
corrí
por pasillos vacíos.
Huí de
ti y de mí.
Huí
hasta perderme.
Háblame,
tengo la voz rota de rogar.
Tráeme
respuestas,
tráeme
la primavera.
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